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Era un juego en el que se tiraban dados y se competía por puntos… o eso decían, pero
nunca llegamos a jugarlo como se suponía.
De lo que Ruriko y Akiko estaban realmente obsesionadas era con la sección de
"adivinación" que venía en el librito adjunto.
"¿Cuál es tu destino? ¿Cómo te irá en el amor? ¿Ta casarás?"… cosas así.
Nos hacían tirar los dados una y otra vez sólo para gritar emocionadas por resultados de
apenas una o dos líneas, escritos de cualquier manera.
Ahora que lo pienso…
En la parte de la adivinación sobre vidas pasadas había una descripción sobre los perros,
pero ninguna pareció creérselo demasiado.
"¿Es cierto eso de que los perros son fieles y no olvidan los favores?", preguntaban.
Y es que, pensándolo bien, en aquel pueblo no había ni un sólo perro.
Para los niños de Ebisugaoka, los perros eran criaturas que sólo existían en los cuentos.
A veces, algún niño que había salido del pueblo decía que había visto o tocado uno, pero
esos vagos relatos sólo hacían que la imagen que se tenía de los perros se volviera aún
más misteriosa para todos.
Yo, por mi parte, quería ver cómo reaccionaban mis amigas, así que les contaba todas las
historias de perros que recordaba: la del perro fiel de Shibuya, o la de Taro, el perro
que tenían unos vecinos cuando yo era pequeña.
Si exageraba un poco a propósito, Shizuko abría los ojos con un brillo tan evidente que
era adorable.
Y, como Akiko tenía muchos amigos, parece que contó esas historias también en su clase.
Un tiempo después, me llegó de vuelta la leyenda de "Taro, el perro legendario",
convertida en algo muchísimo más grande de lo que yo había contado.
En aquel entonces, Akiko y yo nos reímos un buen rato con eso.
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