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¿Serían los restos de alguien que comió antes de tiempo…? Por suerte, estaba limpia por
dentro.
Durante un tiempo, usábamos la fiambrera para jugar a algo que nos encantaba. Suena un
poco tonto cuando se lo cuentas a alguien, pero así era.
Primero, quien hacía de madre mostraba la caja vacía y decía: "¡El almuerzo está listo!".
La niña elegida, haciendo de “hija”, debía decir de qué estaba llena. Podía enumerar todo
lo que quisiera. Eso era todo. Pero era muy divertido cuando lo hacíamos.
A veces, mi almuerzo imaginario acababa completamente devorado por ratones, o el de
Shizuko estaba lleno de dulces y golosinas…
Los momentos en los que dejábamos volar la imaginación era cuando más nos reíamos juntas.
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