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En aquella época, el papel bonito era mucho más valioso que ahora. Si encontrabas uno, lo
guardabas por si acaso, aunque al final nunca hubiera ocasión de usarlo.
Supongo que la dueña de este papel lo guardó pensando lo mismo.
Hisae solía usarlo para hacer origami en los días de lluvia, cuando no sabíamos qué
hacer.
“Me lo enseñaron hace tiempo”, decía, y doblaba las figuras sin mirar ningún modelo.
Casi todas ellas terminaban en manos de Shizuko, que se las llevaba a casa. Sin embargo,
a veces alguien escondía esos origamis en mi bolsillo.
Recuerdo que me alegraba mucho cuando los encontraba en casa o en el aula.
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