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En el refugio había algunos electrodomésticos, pero como el edificio no tenía
electricidad, todos eran simples adornos. El teléfono era uno de ellos.
Fuera de juguetear con él, no tenía ninguna utilidad.
Aun así, casi nunca sentí que fuera una lástima que no funcionara.
No tenía conocidos lejos, y con mi única amiga podía hablar todo lo que quisiera con sólo
ir al refugio.
Qué afortunada fui... En aquel entonces no supe verlo, pero ahora sí.
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