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Un barco de juguete muy chulo. Cuando lo encontré en el refugio, me emocioné muchísimo.
¡Me pareció tan bonito y maravilloso! Estaba segura de que sería divertido jugar con él.
Tenía que hacerlo navegar ya mismo.
Pero las demás me detuvieron, y ese deseo nunca se cumplió.
Por lo visto, lanzar cosas al río de Ebisugaoka no era algo con lo que se pudiera
bromear.
Aunque, claro, en cualquier época hay niños que ignoran las normas.
Una vez, Ruriko no pudo negarse a las tonterías de unos compañeros de clase y lanzó al
río un barco que había hecho ella misma.
Como consecuencia, la obligaron a escribir una redacción de reflexión.
Y cómo se vino abajo después de aquello, me tragué lo que estaba pensando y no le dije
que juntarse con ciertas personas podía traer problemas, porque tampoco le habría
servido de consuelo.
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