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En aquella época, mientras estábamos en clase, a veces se escuchaba desde la ventana el
sonido de una trompeta.
La que la tocaba siempre era Kayoko. A veces estaba en el refugio incluso durante el día,
y de vez en cuando hacía cosas así.
Ruriko solía preocuparse y decir: "Si haces algo tan imprudente y descubren el refugio,
¿qué vamos a hacer?"
Pero a mí me gustaba aquel sonido tenue y claro. Si cerraba los ojos, podía ver el perfil
de Kayoko de pie junto a la ventana. Y entonces, las horas hasta que terminaban las
clases se me hacían mucho más largas.
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