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Un frasco de vidrio para atrapar moscas, algo que hoy casi no se ve. Pero el que había en
el refugio lo usábamos sobre todo como florero.
Las flores que se colocaban allí eran casi siempre las que Shizuko recogía. Cuando
aparecía alguna flor que nunca habíamos visto, Sumiko la observaba con mucha atención y
luego nos decía su nombre tras investigarlo.
Una vez encontramos una flor tan extraña que no logró identificarla de ninguna manera.
Estaba realmente frustrada, lamentándose de su falta de habilidad para investigar.
Y eso que, normalmente, aunque perdiera en cualquier juego o le dijeran lo que le
dijeran, siempre sonreía. Verla así, tan distinta, nos resultó de lo más curioso.
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