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La caja, hecha de cartón grueso, estaba aplastada entre los bultos apilados en el
refugio. Dentro había lana, agujas de tejer y un montón de encajes.
Al ver el nombre escrito en la caja, Akiko exclamó "¡Ah!". Dijo que era el nombre de la
señora que siempre iba a su casa a comprar hilo.
Después de eso, Akiko se quedó callada, pero creo que en ese momento entendí lo que
estaba pensando.
¿Será que incluso quienes estuvieron aquí de niñas, al salir del refugio se convierten
simplemente en adultos normales?
Los objetos abandonados que yacían en el refugio eran las huellas de los niños de
Ebisugaoka. Entre ellos, podía haber cosas de conocidos… o incluso de los padres de
alguna de nosotras.
Al pensarlo, nos entró una especie de tristeza y cambiamos de tema.
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