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Nuestro segundo lugar de reunión era un viejo almacén en Kanaizuka, el mismo lugar donde
aún sobrevivía la leyenda del espíritu del pozo.
Kayoko dijo:
"Creo que ese tipo de cuentos antiguos siempre encierran una enseñanza."
"Es decir, algo como: 'si hay una inundación, aquí estarás a salvo'… Quizá esa historia
también pueda interpretarse así."
Mientras decía eso, abrió la puerta corredera con una llave que había recogido de unos
matorrales cercanos.
El almacén tendría unos diez tatamis de tamaño, y la tenue luz que entraba por la entrada
y por una pequeña ventana del segundo piso iluminaba débilmente el interior.
Lo mejor era que, comparado con el calor sofocante de fuera, dentro del almacén hacía
fresco.
El pozo estaba seco, por lo que el espíritu quizá no estaba allí, pero aún así recé…
"Que la columna de agua que arrasó el pueblo no llegue hasta aquí…"
Fue la primera vez, desde que llegué a este lugar, que ofrecí una plegaria a un dios.
Poco después, Sumiko también se reunió con nosotras y así comenzó la vida de refugio de
las siete.
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