|
Hisae era una chica fuerte.
Quizá por eso fue la primera en tomar una decisión que nos empujó a todas con una fuerza
brutal, más rápido y más intensamente que nadie.
Una noche, me desperté de repente y salí del almacén.
El haya, ya tan familiar, se alzaba en silencio. De una de sus ramas gruesas colgaba el
cuerpo de Hisae. Era una noche sin viento; no se movía, no hacía ruido, solo estaba
allí, quieta.
A sus pies, solitaria, había caído su insignia del grupo.
|