Cuando desperté en el hospital, había pasado casi un mes desde la inundación. Los
equipos de rescate pudieron entrar al pueblo porque la columna de agua se calmó de
repente. Eso fue lo que me dijo el médico, y llamó a mi supervivencia un "milagro".
No sé si fue gracias al ritual, o si simplemente fue una coincidencia. Han pasado
décadas y aún no tengo la respuesta.
Pero hubo algo que sí llegué a entender. "Me equivoqué." Eso lo sé con certeza.
Antes de conocer a todas en el refugio, yo era una persona insignificante. Lenta,
torpe, inútil. Un personaje sin importancia en ninguna historia.
En aquella época, lo que más miedo me daba era ser rechazada. Por eso, incluso cuando
estaba con otras personas, sólo pensaba: "tengo que ser útil".
Me acercaba a la gente con una sonrisa falsa, aceptaba trabajos innecesarios y luego
terminaba agotada. Era como si fuera alguien cuya presencia o ausencia no cambiara
nada. Y como yo misma había llegado a creer eso, cuando me invitaron al refugio, me
sorprendí de verdad.
¿Yo, en un lugar tan maravilloso como un círculo secreto de chicas? Y todas eran tan
amables, tan únicas, tan divertidas… siempre esperaban a que yo hablara.
Me sentía orgullosa de haber sido elegida como un personaje dentro de su historia.
Y Midori... Cuando ella me tomó de la mano, por primera vez en mi vida sentí que yo
era la protagonista de mi propia historia. El mundo entero cambió de color, se
volvió luminoso de golpe.
Si no las hubiera conocido, ¿qué habría sido de mí? Seguramente habría seguido con la
cabeza gacha, sin saber ni siquiera cómo expresarme.
De verdad, desde el fondo del corazón, yo las quería a todas. Las admiraba a cada una
con un sentimiento casi ardiente. No había una sola que no fuera especial, y cuando
estábamos las siete juntas, me sentía completa. Quería ser fuerte y amable como
ellas.
Y aun así… mira lo que pasó.
Tenía que morir pronto; no podía quedarme atrás. No tenía el valor de cargar con las
vidas de todas. Lo sabía… pero tenía demasiado miedo… y al final no fui capaz de
hacerlo hasta que sólo quedamos dos.
Aun así, me repetía: "Mañana sí moriré. Sin falta." Aunque tuviera miedo, si eso
significaba salvar a Midori… creía que no podía haber un final mejor para mi vida.
Y este fue el resultado. No pude sustituir a nadie, no fui útil para nadie. Y todo
porque soy torpe y cobarde.
Mientras miraba el techo de la habitación del hospital, seguí rezando sin parar:
“Devuélveme el tiempo. Devuélvemelas. Y si eso no es posible, por favor, deja que
Midori viva en mi lugar.”
En mis sueños, una y otra vez, moría frente a ella. Si mi cuerpo no hubiera estado
tan debilitado, quizá realmente habría acabado con mi vida.
El día que la policía vino a preguntarme mi identidad fue el mismo en que retiraron
las vendas que cubrían mi cuerpo. Cuando giré el rostro al oír que me hablaban, vi
mi reflejo en el cristal detrás de mí…
En mi mejilla había una gran quemadura que no reconocía. Probablemente, cuando me
desplomé tras el ritual, las piedras ardientes de la orilla del río se marcaron en
mi piel.
La quemadura estaba en un lugar muy similar a la de Midori.
No puedo explicar con palabras lo que sentí en ese momento. Pero entonces pensé: “Ah…
Midori, estabas ahí”.
Y cuando abrí la boca de nuevo, Sumiko ya no estaba allí.
Después de aquello, viví el resto de mi vida como "Midori". Hubo momentos difíciles,
y días en los que lloré pensando en todas. Pero aun así, creo que tuve una vida más
que afortunada.
Era natural que así fuera. Midori era fuerte, valiente, admirable. Mientras tuviera
vida, era una persona capaz de seguir siempre hacia adelante.